
Jesús dijo: “Si vienes a ofrendar, deja tu ofrenda a un lado y ve y reconcíliate primero con tu hermano.”
La palabra perdón se compone de otras dos: Para y Dar. Pues el que perdona se da más a sí mismo. Perdonar es el camino a la liberación, el que auténticamente se libera es el que perdona, echando de su alma el rencor y la venganza, pasiones que envilecen y consumen. Al perdonar no podemos cambiar el pasado, pero cambiamos el presente y el futuro.
Emmet Fox dice en su libro “El Sermón del Monte” que cuando guardamos resentimientos hacía alguien, estamos unidos con esa persona por una cadena más fuerte que el acero. Si de verdad queremos separarnos de ese alguien lo mejor es soltar cualquier sentimiento negativo hacia la persona e intentar verla como un ser más en el cosmos de Dios.
PERDONAR ES UN INSTRUMENTO DE COMPASIÓN QUE NOS LIBERA DE NUESTRAS VIEJAS HERIDAS Y RESENTIMIENTOS, ELIMINANDO POR COMPLETO EL COMPLEJO DE VÍCTIMA. – Rev. Dr. Rebeka Piña
El hecho de perdonar no quiere decir que estamos condonando la acción y menos aún que estamos dispuestos a que nos vuelvan a lastimar. Muy importante también es perdonarnos a nosotros mismos. Solemos ser muy críticos y severos con nosotros mismos. Debemos aprender a soltar el remordimiento y a perdonarnos.
¿Cómo sabemos que ya hemos perdonado de verdad?
Si podemos recordar el suceso y no sentimos el más mínimo dolor, malestar o cualquier sentimiento negativo, quiere decir que ya nos hemos liberado de esa atadura. El no recordar el suceso o el agravio es porque lo hemos ocultado en lo más profundo de nuestro ser para no sentir dolor.
Sin embargo, cuando algún evento nos lo hace recordar, surge a la superficie causándonos más y más dolor. Si esto sucediera, debemos de continuar haciéndonos la oración del perdón para nosotros mismos, asimismo para la persona a quien nos haya herido. Llegará el momento que realmente hayamos eliminado para siempre el recuerdo y una vez logrado, habremos ganado la batalla y nunca más volveremos a sentir ningún resentimiento por ese suceso.
El Dr Ernest Holmes, fundador de la Ciencia de la Mente nos dice que hay recuerdos muy esquematizados en nuestra subconsciencia que no se pueden borrar, sin embargo cuando hemos trabajado con la oración del perdón, llegará el momento en que recordemos el hecho, pero ya no nos perturba, es decir, lo recordamos, pero no nos duele, y eso significa que la herida ha cicatrizado.
Por esta razón, vale la pena perdonar.
Las palabras “perdonar y pedir perdón” estas son fáciles de pronunciar, pero se hace difícil llevarlas a cabo; no obstante al hacerlo esto nos beneficia grandemente pues nos libera de todo resentimiento y nos hace sentirnos “libres” para vivir una vida sana y feliz. Sentarnos en un lugar silencioso como nuestro lugar privado, o sea, dentro de nosotros mismos, como nos indicara nuestro querido Maestro Jesús: “Cuando ores ve a tu aposento, y cierra la puerta y ora en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará abiertamente.”
Nos beneficia reflexionar y preguntarnos: ¿Quién me ha lastimado, o a quién he lastimado? Cuando hayas recordado alguno o algunos de estos hechos, entonces, no demores; perdona y pide perdón según sea el caso.
Cuando se quiere vivir en libertad como es nuestro derecho divino, es necesario perdonar y aunque no nos sea fácil, recuerda que nada es imposible si en realidad deseamos hacerlo. Los más beneficiados siempre seremos nosotros ya que muchas de las veces las personas que nos ofendieron ni recuerdan ese suceso, en cambio nosotros estamos resentidos por mucho tiempo y hay quienes lo sufren durante toda su existencia. No demores tu libertad de vivir a plenitud la vida, ya que para poderla disfrutar se requiere la libertad mental.
MUCHOS PIENSAN QUE PERDONAR ES PERDER Y NO SE DAN CUENTA QUE ES GANAR, PORQUE ASÍ DIOS NOS LIBERA DE NUESTROS ODIOS Y ENEMIGOS Y NOS ABRE AL PERDÓN Y A SU GRACIA. – Emiliano Tardif
– Prof. José De Lira, M.RScP


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